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LOS MOCOS, ¿AMIGOS O ENEMIGOS DE NUESTROS PEQUEÑOS?

El MOCO es una sustancia completamente natural, de origen biológico, que siempre encontramos en las mucosas y que actúa como medio de protección natural. Por tanto, aunque sea un “compañero muy molesto” no es tan malo como pensamos.

¿Y por qué? Principalmente porque los mocos son defensas para nuestros niños. Están compuestos por células defensoras (respuesta inmune) y además también porque protegen físicamente, al crear una barrera que hace de obstáculo a la entrada de los gérmenes por las puertas más habituales: nariz y boca.

Los niños tienen mocos prácticamente todo el invierno. Y hay que aprender a convivir con ellos. Ahora bien, si el exceso de moco impide al niño respirar correctamente conviene intentar despejar la zona.

Los mucolíticos pueden ser de utilidad cuando nos encontramos con moco espeso ya que ayudan a fluidificarlo y con ello a que se expulsen mejor. Uno de los más utilizados es la acetilcisteína (Recordard: valorado por el pediatra). A partir de los 3 años existen jarabes de venta libre (sin receta) con acetilcisteína o guaifenesina.

Cuando el moco es líquido los mucolíticos no son útiles. Si el goteo nasal es excesivo en ocasiones se prescriben antihistamínicos. Una de las medidas más eficaces como alivio para el niño es el lavado nasal (ver infografía) con suero fisiológico.

LAVADOS NASALES

Se trata de introducir suero fisiológico o una solución salina por los orificios de la nariz para limpiar y arrastrar la mucosidad.

¿Cómo se realizan?

Con el niño tumbado de lado, SIN reclinar la cabeza hacia atrás. Introducir la solución salina por el orificio que queda mirando al techo. Después cambiar de lado y realizar la misma operación.

Si se hace la maniobra con el niño tumbado boca arriba se corre el riesgo de empujar el moco hacia el oído, favoreciendo una posible otitis.

Si el niño tose o estornuda después del lavado es normal. Si el niño se traga el suero y el moco no pasa nada.

No hay por qué hacer lavados nasales cuando el niño no tiene mocos. Nosotros no nos sonamos la nariz cuando estamos bien.

¿Qué cantidad de líquido se necesita?

Basta con 2 ml de solución salina en cada fosa nasal para lactantes hasta los 2 años y 5 ml en niños mayores.

¿Aspirador sí o no?

En el mercado hay aparatos que sirven para aspirar el moco por la nariz (en forma de manguera, de pera; etc…).

No siempre hay que aspirar después del lavado nasal. Esto puede hacer que se inflame la mucosa de la nariz y que se produzca más moco, empeorando el problema. Sólo se debería usar para sacar el moco que se ve y no sale con el lavado.

¿Mejor suero fisiológico o solución salina (“agua de mar”)?

La eficacia de uno u otra es similar si se realiza correctamente. Lo que las diferencia es la concentración de sal (0.9% en el suero y hasta 2.3% en el agua de mar hipertónica). Cuanta más concentración, el arrastre de moco parece ser mayor por la fuerza de ósmosis. Pero esto no está demostrado. A partir de los 6 meses y en caso de congestión nasal intensa podría tener beneficio la solución hipertónica.

¿Solución en forma de spray o monodosis?

Un método no es superior al otro. La elección dependerá de la preferencia de los padres y con cuál se manejen mejor. Los sprays nasales comercializados tienen distintas fuerzas según la edad del niño y los preparados monodosis tienen un adaptador específico para hacer los lavados. Usar mejor envases pequeños y uno por cada niño, para evitar contaminaciones.

Fuente: Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria

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