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Una definición sencilla del Mindfulness podría ser la de prestar atención de una manera especial en el momento presente y sin juzgar. Y lo que no hay duda, es que los niños son los verdaderos maestros de vivir el presente. Fluyen magistralmente cuando juegan, ríen mucho más que los adultos (400 veces al día contra 15 de los adultos), muestran pasión y asombro ante todo, no se preocupan por el futuro ni le dan vueltas al pasado, aprenden como esponjas y viven cada experiencia como la primera vez.

¡¡¡Por tanto, los niños son expertos innatos en esto del mindfulness!!!

Numerosas investigaciones en los últimos años están poniendo de manifiesto que la práctica de Mindfulness activa zonas cerebrales que están implicadas en la planificación, en la memoria, en la concentración y en la ejecución de las tareas. Por el contrario, inhibe o relaja zonas que los niños con problemas de atención tienen muy activadas, y por eso se distraen con cualquier cosa.

A continuación se detallan algunos ejercicios sencillos por si sientes curiosidad por el Mindfulness infantil y te apetece junto a los niños introducirte en su práctica:

• La campana: Toca una campana despacio y pídele que escuche atentamente el sonido y que levante las manos cuando ya no oiga nada. Este ejercicio les ayuda a mantenerse presente, concentrados y focalizados en un estímulo.

• Los astronautas: Jugar a ser astronautas que visitan otros planetas. Ofrece al niño una pieza de fruta y pide que te la describan con los 5 sentidos, como si jamás hubiesen visto este objeto: cómo es ese alimento, que forma tiene, cuál es su color, si pesa, si es blando o duro, si huele a algo, a qué sabe, si hace algún sonido en la boca, etc. Este ejercicio les permite cultivar entre otras cosas la mente de principiante y la observación de sus sensaciones.

• El parte meteorológico: Sentaos cómodamente, cerrad los ojos y tomaos un tiempo para descubrir cómo os sentís en este momento. ¿Qué tiempo está haciendo por dentro? Dile que observe si brilla el sol y se siente relajado, o si hay nubes y está a punto de caer un chaparrón, o quizá si hay una tormenta. Con esta práctica los niños aprenden a observar y comprender sus estados emocionales, y adquieren capacidades introspectivas.

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• La rana: Es un animal que puede dar grandes saltos pero también puede quedarse muy quieta, observando todo lo que pasa a su alrededor pero sin reaccionar de inmediato, respirando con mucha calma. Su tripa se hincha cuando entra el aire y se deshincha cuando sale el aire. Durante un rato vamos a estar quietos como una rana, notando como la barriguita se abulta un poco, y después se hunde otra vez. El tiempo de cada niño es muy personal. Hay niños de 8 años que desde el primer día pueden respirar 5 minutos sin problema, y niños a los que les cuesta estar quietos durante 30 segundos. Del mismo modo, algunos niños pueden estar con los ojos cerrados, y otros no. Es importante respetar el ritmo de cada niño. En este ejercicio el niño aprende a ser paciente, a relajarse y mantenerse en calma, además de comprender la importancia de la respiración para este fin.

• Atentos al espacio: Pasarse unos a otros un vaso de agua puede parecer fácil, pero si esto se hace con los ojos cerrados la cosa se complica. Para que el vaso no se caiga, es necesario que los niños estén en silencio, muy concentrados, dándose cuenta de todos los sonidos que hay alrededor, que les dan pistas de cuando llega el vaso a ellos.

• Respiración consciente caminando: Para niños que no pueden estarse quietos. Se trata de caminar despacio, despacio, despacio. Para ello, se colocan piedrecitas en los pies para que haya que prestar atención a que no se caigan, o un plato sobre la cabeza.

• Paseo consciente: Dar un paseo con el único propósito de pasear, mirando, oliendo, escuchando, en silencio, prestando atención al paso del otro para no despistarse. Si además cada cierto tiempo suena un gong, esto hace uno se pare, y que se de cuenta de si en ese momento sus pensamientos estaban en el paseo o en otro lugar.

La mejor enseñanza sobre mindfulness que puedes hacer con tus hijos es practicándola tú mismo. Vive cada momento con tus hijos (sean buenos o malos) desde el presente. Deja el móvil, el estrés del trabajo, la televisión o las preocupaciones en el cajón y vive cada momento que pasas con ellos.

Lectura recomendada: ‘Tranquilos y Atentos como una rana’. Autor: Eline Snel

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